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Hugo Marcone

La derrota de Chile ante Suiza en el debut técnico de Bielsa se puede enfocar desde varios ángulos. El estadístico es por supuesto el menos útil. El futbolístico, tampoco parece ser hoy muy práctico, porque en un primer partido bajo una nueva conducción, no se puede fijar tendencia alguna. Habrá que quedarse, entonces, con ciertas señales positivas y otros síntomas negativos que mostró el paciente.

El pressing que aplicaron los chilenos en campo ajeno refleja no sólo un marcado principio conceptual de Bielsa por recuperar el balón, sino que también una actitud de compromiso del equipo. Tan valiosa como la pronta captura del balón fue el intento porque la transición de la salida defensiva a una fase de ataque fuera limpia y vertiginosa. Aunque el porcentaje de éxito en esta evolución ofensiva fue bajo, en este aspecto fue donde Chile mostró que cuenta con hombres capaces de desequilibrar: al incisivo Alexis Sánchez, el mejor jugador chileno ante Suiza, se sumó Matías Fernández, que parece estar volviendo a su alto nivel; a la dupla por momentos también se complementó con peligro Humberto Suazo. ¿Qué faltó?

Careció la selección de una figura que etiquetara el paquete futbolístico que armó Chile en varios pasajes; Eduardo Rubio no fue el hombre, por más que mostrara velocidad y su habitual bicicleteo. Pero el juego envolvente de mediocampo para arriba abre expectativas ciertas con miras a las eliminatorias.

Es de mediocampo para atrás donde los espacios, las lagunas y los nombres dejaron dudas más que razonables. El sector defensivo de Chile no contó con una estructura compacta que otorgara seguridad. Aun cuando Isla no trascendió, salvó su debut en la intensidad que puso durante la disputa por la recuperación de la pelota. Iturra debió retroceder progresivamente hasta quedar casi como un tercer central. No destiñó por el espíritu combativo, no por su claridad.

La zaga fue la zona crítica. Como lateral izquierdo, Arturo Vidal cometió graves imprecisiones posicionales y técnicas. Adicionó a su inmadurez para evitar la fricción y los reclamos sin destino, una inusual desubicación, que hizo de su sector el más debil de Chile. Los problemas que generó por su espalda no siempre lograron ser resueltos por Miguel Riffo, y menos por un irresoluto Ismael Fuentes, el otro jugador más bajo de la selección, que ratificó que no está para ser titular y que con generosidad tiene espacio en la banca.

No se puede ganar un partido cuando las líneas están desequilibradas. Por mucho que el potencial ofensivo de Chile es indiscutible, mientras la contraparte defensiva nacional no consolide un bloque confiable y sólido, ya sea para salir jugando o para sencillamente mandar sin complejos el balón a las tribunas, seguiremos esperando que el libro de Bielsa invente jugadas donde el componente individual no pese tanto como el colectivo.

Posteado por El Mercurio a las 02:53 PM | Comentarios (51)

 
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