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Edgardo Marín

Mi gran amigo Enrique Renard partió a fines de los años 60 rumbo a Nueva York, a las oficinas de Naciones Unidas. Hoy residente en Miami, vuelve a Chile muy a lo lejos, pero lo suficiente como para dar una mirada en terreno al fútbol nuestro, y en particular a Colo Colo. De espíritu joven, tiene edad suficiente como para haber visto a José Manuel Moreno y, en consecuencia, tiene experiencia de sobra como para no depender -como otros miles de infortunados chilenos- de las versiones que le llegan desde Chile a través de señales internacionales. Tiene, quiero decir, opinión propia.

Lector juvenil de la legendaria revista "Estadio", hoy no se pierde partido del fútbol mundial, con énfasis en lo que haga nuestra selección y, obviamente, Colo Colo. Sus certeros comentarios los recibo a minutos de terminado cada encuentro. Hay mucha sabiduría en sus apreciaciones, que no parecen afectadas por la distancia ni el tiempo ni los cambios, que no parecen ser tantos en lo esencial.

Un juicio suyo me viene dando vueltas hace tiempo. Desde Acosta. Es cierto que a mi gran amigo nunca lo convenció el ex director técnico nacional, pero los hechos, hoy, tienden a darle la razón, por sobre cualquier porfía o sentimiento personal. Me decía Enrique, y me lo repite después de la minigira europea: ¿Por qué buenos jugadores juegan mal?

Claro, después de los partidos con Suiza y Austria no hay quién pueda discutirle. Jugadores de gran nivel en sus competencias locales no estaban rindiendo con la Roja. Cierto. A ratos esto no es fácilmente perceptible, pues no siempre se siguen con atención las competencias más allá de la chilena, y el aficionado se queda con la imagen de sus jugadores solamente en defensa de la Roja. Es decir, cuando andan mal... Pero tras el cambio en la dirección técnica nacional, estos mismos jugadores han empezado a rendir de otra manera.

¿Por qué? Otro querido amigo mío, sabio observador del fútbol, levantó hace algunos años la teoría de que los entrenadores no gravitan realmente en el desempeño de sus equipos. Pero desde la llegada de Bielsa se ha sentido obligado a revisar su convicción, apremiado por las observaciones del nuevo seleccionador que pasaron inadvertidas a sus antecesores en los últimos 40 o más años.

¿De qué se trata? Hace algunos años, hablando con Nelson Acosta a propósito de una declinación del seleccionado, me decía que esto se debe a que "los chilenos nos aburrimos pronto de todo". ¿Simple aburrimiento? Sin duda que hay algo o mucho de eso en nuestro carácter. Vea usted el caso de la U, fenómeno de arrastre multitudinario en esos largos años de lejanía de los títulos cuyo entusiasmo declinó cuando volvieron a repetirse los triunfos. ¿Nos aburre ganar, incluso?

Buen tema. Como sea, el hecho es que buenos jugadores estaban jugando mal y ahora están jugando bien.

Posteado por El Mercurio a las 08:39 AM | Comentarios (7)

 
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