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Edgardo Marín

Una lata el primer tiempo de Cobreloa y la U. No me cuento entre quienes estimen "fome" el juego azul. En absoluto. Lo que pasa es que un enfrentamiento entre dos equipos de estas características tiene que terminar aburriendo, especialmente si se juega en Calama, donde el cálculo de los visitantes nunca es escaso. Sin profundidad, lento, lleno de imprecisiones y errores. Y un arbitraje que se lo regalo. Si Guido Aros no vio dos penales claros a favor de Cobreloa -y tal vez tres-, sus "colaboradores" estaban mirando hacia otro lado.

Después de esta experiencia, uno tenía derecho a irse a otra parte a ver fútbol. A ver River-Racing. Un Racing laborioso, un River tan lejano de sus momentos más brillantes. Un partido luchado, discreto. Como para esperar un remezón con el ingreso de Alexis Sánchez. Y eso parece que sucede después de sus dos primeras intervenciones. Chispeante, encarador, directo.

Pero, ¿sabe qué pasa? Que sólo la tocó para él. Obcecadamente. Su intención de hacer siempre algo distinto lo llevó a repetirse con obstinación. Recién cuando se cargó sobre la izquierda empezó a desprenderse de la pelota para habilitar a algún compañero.

Alexis Sanchez lo tiene todo para triunfar en el fútbol de cualquier parte, a condición de que se sume al trabajo del equipo. Es bueno que se lo remarquen ahora, cuando está comenzando su carrera internacional y se espera de él la reedición del triunfo de Marcelo Salas, el gran triunfador chileno en Argentina. (¿Le hará bien a Sánchez esta forzada comparación?).

Más allá de esta actuación individual y del estado actual de River, está manifestándose con claridad un descenso de calidad en el nivel de los equipos de toda esta parte del mundo. Aún manteniendo Argentina el clima de gran campeonato, el nivel de sus equipos es discreto. Y no es cuestión del fútbol argentino solamente. ¿Hay algún gran equipo en las copas sudamericanas? ¿Cuál? No hay.

Se me ocurre que la cantera se está agotando. Nosotros siempre pensamos en el éxodo de jugadores en relación a los seleccionados nacionales sudamericanos, pero ya estamos viendo que afecta también al desarrollo de los campeonatos locales. Nuestros torneos no pueden sostener su nivel con la resta permanente y sistemática de sus mejores valores. Y eso es grave. Mucho más grave que el despotenciamiento de las selecciones. Y si se agrega que los futbolistas emigran cada vez más jóvenes, la gravedad aumenta.

Durante demasiado tiempo Sudamérica ha surtido al fútbol de tres o más continentes y esa sangría se hace incontenible. En otros tiempos ya era un fenómeno significativo, deportiva y comercialmente hablando, pero hace rato que alcanzó niveles industriales. El corretaje de futbolistas, es, en efecto, una industria.

Los campeonatos sudamericanos ya son sólo vitrinas para mostrar "la mercadería" exportable a Europa y otros destinos y estación terminal de los que ya lo dieron todo por allá. Sale Ortega, entra Sánchez, ¿ve? La cosa se está poniendo fea.

Posteado por El Mercurio a las 08:37 AM | Comentarios (4)

 
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