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Aldo Schiappacasse

Los jugadores de la Sub 20 han comenzado a cobrar sus premios con los descuentos por indisciplina, lo que en la práctica es cerrar la rebeldía y aceptar las sanciones aplicadas por la ANFP tras el Mundial de Canadá.

Se ha consumado así una de las aberraciones jurídicas más groseras del último tiempo en el fútbol chileno. A los castigados de Puerto Ordaz se les aplicaron veinte partidos de suspensión por beber en la concentración, insultar al personal de servicio, provocar desmanes en el comedor y en algunas piezas. Lanzarse jamón con mermelada fue el hecho anecdótico y casi cómico de una situación que se investigó periodísticamente y tuvo un fallo "express".

Los Sub 20, de acuerdo a diversos testimonios, bebieron en la concentración sin embriagarse, introdujeron mujeres a las habitaciones, le faltaron el respeto a un dirigente, agredieron a una mujer policía iniciando una gresca de violencia épica con las fuerzas de seguridad canadienses y destrozaron un bus. ¿La sanción? Un descuento en el premio.

No existe, por ende, una proporcionada y justa dimensión de las faltas entre una delegación y otra. Es más, la situación se agrava por las declaraciones del presidente del fútbol chileno al sostener que siempre estuvieron en conocimiento de lo acontecido en el Mundial y si se no impusieron castigos inmediatos fue porque...¡no se puede condenar a cadena perpetua a los muchachos!

La escandalosa diferencia de criterios aplicada entre un juicio y otro sólo puede explicarse en el éxito deportivo cosechado por la selección de Sulantay. Mientras el grupo era recibido en La Moneda, los de Copa América volvieron bajo la repulsa pública al país.

Si somos consecuentes, el castigo de Puerto Ordaz era merecido, aunque resulte impresentable que se aplicara a tabla rasa a todos los participantes, considerando distintos los grados de responsabilidad. Y lo que correspondería es una sanción similar o más grave a los de Canadá. Pero eso ya no fue, por las infantiles razones esgrimidas por nuestra dirigencia. Si algo de coherencia nos va quedando, la lógica indica que, tal como acontece en nuestra nueva justicia, el juicio contra los jugadores de Puerto Ordaz debe ser anulado. Que se haga de nuevo, con los parámetros que los dirigentes fijen, pero que sean iguales para todos. No hay país del mundo, ni organización decente, que aplique parámetros tan groseramente distintos para juzgar a los suyos. Aquí, más que aprovechar la circunstancia (ni siquiera se sabe si a Bielsa le gusta Valdivia o Tello u Ormeño), es hacer justicia. Y para hacerlo hay dos caminos: o explicar las extrañas y desproporcionadas leyes que nos rigen o anular un juicio de fallo absurdo.

Posteado por El Mercurio a las 08:40 AM | Comentarios (14)

 
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