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Sergio Gilbert J.

No es fácil -ni justo- evaluar porcentualmente el rendimiento general de un equipo y, por extensión, la cota que alcanza un entrenador con respecto a sus aspiraciones. Intentar dicho ejercicio es, en realidad, una fórmula periodística discutible (como la mayoría de las fórmulas periodísticas), pero tiene un objetivo: cuantificar sensaciones e intuiciones para establecer reflexiones.

Bajo este único prisma, el 50 por ciento que tiene Bielsa en su rendimiento general a cargo de la selección nacional (dos victorias y dos derrotas, considerando amistosos y eliminatorias) se antoja como cuasi exacto en relación a su capacidad para imponer su ideario futbolístico. Dicho de otra manera, el equipo chileno está a mitad de camino en las pretensiones de su entrenador.

Las evidencias así lo señalan. Por ejemplo, hay varios, comenzando por Miguel Riffo, a los cuales no les ha efectado el cambio de posición (de líbero a stopper izquierdo) impuesto por el DT argentino. El zaguero incluso en esta nueva versión muestra mayor orden -o menos riesgo- que cuando juega como libre en Colo Colo, y eso, a la larga, les está dando mayor tranquilidad a Waldo Ponce y al resto del armado defensivo.

Al contrario, a otro grupo -entre los cuales se encuentra Mark González- le ha costado mucho asumir su nueva posición. El jugador de Betis intenta ser alero. De verdad, González se trata de apostar en paralelo a la línea lateral. Pero tiende a retroceder en diagonal. Y si bien cuando hace eso sube su nivel personal, baja el peso colectivo. Y atenta contra la intención del entrenador.

Desde el punto de vista grupal, también el ideario Bielsa está ahí, con el vaso medio lleno (o medio vacío). Hay en esta selección una intensidad y un vértigo superior al de equipos nacionales anteriores. Pero poca precisión. Harta disposición de ataque. Pero mucho desequilibrio defensivo. Plausible manejo y control de pelota. Pero falta recuperación de balón.

Entonces, la imagen que queda hoy es que la Roja está transitando por un buen camino, aunque éste tiene aún demasiadas piedras que le impiden lograr una velocidad crucero.

Desde esa perspectiva, no parece extraña, entonces, la posición que ha tomado hasta ahora Bielsa: insistir en el grupo que tiene, trabajar con él, despreciando por ahora la posibilidad de cambio de piezas (aunque muchos piensen que sería bueno hacer alguna cirugía de cara a lo que viene). Cambiar de actitud sería, desde su perspectiva, no un reconocimiento de fracaso, sino que esencialmente un desprecio a lo que ya ha logrado en este tiempo: la mitad de lo que quiere, el 50 por ciento de lo que él siente que debe alcanzar el fútbol de su equipo.

Posteado por El Mercurio a las 08:54 AM | Comentarios (4)

 
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